A primera vista se parecen: una copa ahuecada, un ala alrededor, una cinta que subraya la línea. Sin embargo, el fedora y el traveller no cuentan la misma historia. Uno es un monumento del vestuario clásico; el otro, un espíritu libre hecho para el camino.
El fedora, un clásico estructurado
El fedora se reconoce por su copa hendida a lo largo, marcada con dos pellizcos en la parte delantera, y por su ala de anchura media, a menudo ligeramente bajada por delante. Es el sombrero de las siluetas firmes: estructura el rostro, alarga la línea y viste tanto un abrigo de invierno como una lona de verano.
Su porte viene de su conformado: la forma queda fijada, pensada para conservarse. Se coloca, se ajusta con un gesto, y mantiene su aire todo el día. A cambio, se maneja con cierto miramiento y prefiere viajar sobre la cabeza antes que en el fondo de una bolsa.
El traveller, el espíritu nómada
El traveller, en cambio, cultiva la flexibilidad. Su copa es más suave, su ala suele ser algo más libre, y su materia se elige para aceptar el trato del día a día. Algunos modelos flexibles admiten incluso enrollarse con delicadeza durante un trayecto, antes de recuperar su forma con un gesto de la mano. Pida siempre consejo a su sombrerero antes de intentarlo: no todas las materias lo permiten.
Es el sombrero de las salidas improvisadas, de las terrazas y de los caminos rurales. Menos solemne que el fedora, da a un atuendo sencillo un plus de carácter sin parecer nunca afectado.
Entonces, ¿cuál elegir?
Hágase una sola pregunta: ¿vivirá su sombrero más bien en la ciudad, colocado con cuidado, o irá a todas partes con usted, sin ceremonias? En el primer caso, el fedora le tiende su cinta. En el segundo, el traveller está hecho para seguirle. Y si aún duda, la prueba decidirá: al final, es su rostro quien elige siempre.



