Una boda es una de las pocas ocasiones en las que el sombrero vuelve a ser un verdadero código de vestimenta. La buena noticia: también es la ocasión de darse un gusto. Unas reglas sencillas permiten ir elegante sin robar nunca el protagonismo a los novios.
Para ella: capelina, tocado o sombrero de paja fina
La capelina es la reina de las ceremonias de verano: su ala generosa enmarca el rostro, protege del sol durante el aperitivo y queda maravillosa en las fotografías. Elíjala en un tono que dialogue con el atuendo sin repetirlo exactamente. Si le preocupa el volumen, el tocado o un sombrero de ala media ofrecen el mismo toque vestido con más libertad de movimiento: una verdadera ventaja para saludar, bailar y subir al coche.
Para él: panamá o fieltro según la estación
Para una boda de mayo a septiembre, el panamá con cinta oscura es un valor seguro: ilumina un traje y se retira con un gesto en el momento de la ceremonia. En otoño o en invierno, un fedora de fieltro, en un tono acorde con el abrigo o el traje, aporta la misma distinción. El trilby, más desenfadado, conviene a las bodas campestres y a los atuendos sin corbata.
Los usos que conviene conocer
- En el interior hay que descubrirse, sobre todo en la iglesia y en la mesa —los caballeros, especialmente—; el tocado y la capelina de ceremonia pueden permanecer puestos.
- Evite el blanco y el marfil, reservados a la novia, salvo acuerdo explícito.
- Piense en el viento: una capelina muy amplia en un lugar expuesto puede convertirse en un inconveniente; un ala media es a veces más prudente.
- Pruébese el sombrero con el peinado previsto para el gran día, no solo con el cabello suelto.
Por último, no estrene su sombrero la mañana de la boda. Llévelo una o dos horas en casa unos días antes: comprobará la comodidad, se familiarizará con su porte y, llegado el gran día, se hará olvidar — que es exactamente lo que se le pide.
