En verano, el sombrero recupera su función primera: dar sombra. Un ala de unos centímetros basta para proteger del sol el rostro y la nuca, dejando a la vez respirar la cabeza — siempre que se elijan bien la materia y la forma.
Las grandes familias del verano
- El panamá: tejido en paja toquilla, ligero y estructurado, es el sombrero de verano vestido por excelencia.
- La capelina: el ala más generosa, ideal para las largas jornadas al aire libre, la playa y las ceremonias.
- El bob: flexible, fácil, se guarda en una bolsa y asume la informalidad; en algodón desteñido, atraviesa todo el verano.
- La gorra de lona: la protección mínima pero eficaz para la ciudad, el deporte y los niños con prisa.
- Las pajas de ala media, trilbys y fedoras de verano: el equilibrio entre porte y ligereza.
Elegir según el uso real
Hágase una pregunta sencilla: ¿dónde pasará sus días este sombrero? Para la terraza y las vacaciones, un ala grande se justifica plenamente. Para la ciudad, el transporte y la bicicleta, un bob o una paja de ala corta se llevará mucho más a menudo. El mejor sombrero de verano no es el más espectacular, sino el que sale de casa con usted cada mañana.
En cuanto al color, los tonos claros —natural, arena, crudo— reflejan la luz y combinan con todo el vestuario estival. Una banda o una cinta oscura basta para estructurar el conjunto. Las pajas teñidas, más rotundas, son espléndidas junto al mar, pero piden un atuendo que esté a su altura.
Los buenos reflejos de la temporada
La paja teme dos cosas: el aplastamiento y el calor seco. No deje su sombrero en el fondo de una maleta sin sujetarlo bien, ni en la bandeja trasera de un coche al sol. Después de un baño o de un chaparrón, déjelo secar al aire libre. Y si suda, pase de vez en cuando por la badana un paño ligeramente húmedo: se lo agradecerá manteniéndose fresco todo el verano.
